Mi bicicleta, que ya no es mía.

Antes del verano tuve que decir muchos adiós. Cambridge es así. En una ciudad donde un 33.3 % de los residentes son estudiantes, parece que al llegar Junio se desmantela la ciudad. Toda tu vida desaparece y los edificios pasan a ser conchas vacías. Te das cuenta que no habías conocido a nadie que realmente perteneciera a la ciudad. No parece lugar para raíces.

Aunque todos te decían que estaban en principio por un año, la realidad del día a día te arrastra a la inconsciencia en cuanto a lo efímero de tus vivencias. Cuando finalmente nos quedamos nosotros, y el resto de las personas que habían ido construyendo nuestros días con nosotros, se fueron el corazón no conseguía abarcar la información. Es cómo si de pronto tu corazón se dividiera en 20 trocitos que marcharan a 20 sitios diferentes del mundo.

corazón repartido

En un par de semanas tocó decir adiós a un año de vida a través de la técnica del goteo:

O lo que es lo mismo, Lunes mudanza de Edna y Machi, Martes mudanza de Maya, Miércoles mudanza de Raquel, Jueves Mafer, Viernes Midori, y para cuando llega el domingo estás deslomado, y con la foto casi vacía.

Como fruto de tanta ausencia, la gente te va dejando pequeños presentes, sus especias, su silla, el perchero… Si no tienes cuidado de decir “no” puedes acabar con cuatro mesas y una silla. Hay que estar muy ágil en matemáticas para no desequilibrarse, o hacerse artista y crear nuevas corrientes de decoración, mezclando los estilos de los 142 paises que repoblan estas tierras cada año. Creo que por eso es una ciudad de listos. Aunque de vez en cuando se les cuela alguna, soy la prueba.

A resueltas de la desbandada estival, una de mis amigas me regaló una bici. Era mi primera bicicleta en 25 años, (Las cifras a una edad escuecen), y puedo afirmar que aquellos que dicen “que nunca se olvida montar en bicicleta” puede que se equivoquen. O eso o una vez más soy la excepción que confirma la norma. Cierto es que no abracé el suelo, pero en las ocasiones que la probamos tampoco quedé lejos. Era entrar en una cuesta con la bicicleta y me entraban unas ganas irresistibles de abandonarla en plena marcha, lo cuál me apresuré a hacer en la primera cuesta que me encontré.

bici loca_LIDado que el entorno y la bicicleta sufrían en exceso con mis primeros pasos, decidí aparcar la bicicleta hasta que algún alma caritativa se decidiera a enseñarme. Llegó Julio con las prisas del viaje a España, y ahí deje la bici a la espera de tiempos mejores, atada con su candado. Uno de código, recuerdo de su anterior dueña, mi amiga Mafer.

A la vuelta, nada más sentirme aterrizada, dispuesta a conquistar mi libertad, acudí rodeada de toda mi familia a mi cita con mi bici, pero ya no estaba. Ni rastro de ella. Fue una sorpresa. Creí que nos habíamos gustado. Pero no estaba. Me había dejado, por otra ¿o por otro?

El caso es que aunque me costó, me dolía su perdida, decidí reanudar mi vida sin ella. Con una bici mas alta y mas fea, que me prestó mi marido. Pero lo cierto es que no conseguía olvidar la comodidad de su sillín, los sonidos de su marcha, y apenas me subía a la otra me sentía mal. Puede que fuera el vertigo.

Hasta ayer. La vi. Bajé del coche y me choqué con ella. Literal. Estaba aparcada en la señal de tráfico de la puerta de mi casa. Tenía otro candado más nuevo y una nueva rueda trasera, pero era ella. Los cinco miembros de la familia la reconocimos. ¿Qué hacer?

Le comuniqué a mi marido mi deseo de permanecer junto a ella y enfrentarme a porrazos con su nuevo dueño cuando viniera a por ella. Lo tenía todo planificado, saldría del coche en plan ninja y saltaría sobre el bandido. A Julio no le pareció buena idea, me recordó mi maternidad ejemplar, mi envergadura mas bien pluma y que quizás el dueño de la bici no era el propio ladrón. Además estaba su viaje esa misma tarde, con lo que mi deber era sobrevivir para cuidar de los niños. Todo con un tono lacónico que me llamaba aún más a la aventura.

Fue uno de esos momentos en los que por la mirada de tu marido te hueles que vas a renunciar. Desde luego, lo de que mis hijos me vieran con un serrucho serrando un candado de bici no creí que fuera a ser una buena idea… ¡Lo que habría dado en ese momento por una radial!

Había otra solución. Ponerle mi propio candado. Que por supuesto no tenía, y yéndose Julio esa misma tarde no era practicable ni posible conseguir uno.

Por otro lado, Julio decía que si el otro/a no quitaba su candado yo no podría recuperar mi bici. Según él no merecía la pena en las circunstancias que nos encontrábamos. Total que decidí la vía de la comunicación. Me obsesionaba saber si la persona que me quitó la bici era alguien conocido que conociese la clave… Puse a grabar con mi móvil desde la ventana el lugar de la bici. Y escribí una nota “Please I need to know… Why do you have my bicycle?, puse la nota en el mullido asiento y lo forré de todo el celofán que me fue posible… Era todo lo que podía hacer.

Me sentía llena de esperanza en la naturaleza de la gente, si era una buena persona, quizás me daría lo que yo necesitaba saber… luego ya fui pensado y sintiéndome algo ridícula, así que decidí no ahondar más.

Estuve toda la tarde pendiente de mi ex bici, siempre que podía me asomaba por la ventana, borraba el video y volvía a poner mi móvil a grabar, ningún cambio. Allí seguía, inalcanzable pero cercana. Ayer al acostarme allí seguía, estaba preciosa, bajo la luz de la farola. Como si nunca me hubiera dejado. Sin que nadie fuera a buscarla. Como si estuviera ahí para mí.

La luz de la mañana me despertó sintiéndome inseguridad ante lo fácil que resulta que alguien se lleve lo tuyo, y como muchas veces te ves obligado a renunciar a lo que sientes, mirando hacia otro lado, por no dañar la rutina en la que te encuentras inmerso. El móvil sin batería. Mi bici ya no estaba. Ni rastro, ni tan solo una respuesta que ya ni esperaba.

Ya estamos a mediodía y empiezo a encontrarme con las esperanzas de que hoy vuelva estar en la puerta de mi casa, con una nota que dice: Sorry I thought that she was alone, here is the key of the locker. Quién sabe…quizás…, aunque la mayor parte del tiempo parece que prevalece en mí la rabia por no haber seguido la voz de mi ninja interior.

 


2 respuestas a “Mi bicicleta, que ya no es mía.

    1. La verdad es que un poco molesto es…más porque desde que le pillé, cambio de lugar, ahora aparca donde tengo las bicis de los niños aparcadas, todavía estoy pensando que le voy a hacer…He pensado pintar por toda la bici ladrón con permanente…pero todavía no lo tengo muy claro, otra idea era pintar todo el sillín con brea….y plumas

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