Traduciendo Cataluña

En las últimas semanas hay un tema omnipresente en mi cabeza, un tema que me ha hecho perder el control sobre cómo las nuevas tecnologías de la información afectan a mi vida, que me ha hecho percibir los disfraces de la realidad… Que me hace cuestionarme cuanto me rodea. ¿Cuánto es real y cuánto es programado? Ese tema por supuesto es Cataluña.

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El tema Cataluña ha tomado el control de mi vida y me tiene cautiva ante el ordenador, mientras a mi alrededor las cosas se van quedando sin hacer. Tengo una sed de saber obsesiva, y un hastío profundo de saber. Y mientras mi vida auténtica, a veces parece una intromisión. Como si yo pudiera hacer algo por mi país, simplemente dedicando mi tiempo a las barricadas de Facebook. Me asusta la agresividad que percibo por unos y otros, siendo consciente de que pertenece al estado de ánimo, pero pueden llevar a decisiones de “Far-Reaching”.

He pasado de estar ante una oportunidad de que algunas cosas por fin cambien, a desembocar en el pánico de que el peor de los pronósticos se cumpla.

Adoro mi España, la España del Estado de derecho, más ahora que conozco el mundo de fuera, (hermoso a la par que cruel), adoro mi sanidad, mi derecho legal complicado pero abarcable, adoro las auxiliares administrativas de la gestión pública, que todo lo saben y a veces comparten, (si te sale una rana con seguir buscando, hay tantas).

Odio los porteros de Madrid que todo lo venden, odio los señoritos rancios de más de ochenta años que ni saben ni les importa (el vecino de arriba), odio los políticos que jamás llegaran a tener la mínima idea de quienes somos, odio los medios de comunicación manipulables que solo producen acosos y sesgos…

Mi España tiene bueno y tiene malo, la adoro pero no termino de conectarme. Lo que sé es que no quiero perderla, quiero que siga impertérrita, siempre allí, para mí. Como si pudiera protegerme con su sola existencia.

Ahora que pienso en España, tengo una imagen dentro de mí que se me ha enquistado, mi vecina a la que conocí con ocho años.

anasherif La recuerdo, ya en la primera pubertad hablando de cosas que yo no podía compartir con ella por más que me esforzaba. Ella me hablaba, reflexionando ya apasionada, mientras caminábamos al colegio sobre la idea que había descubierto en algunos filósofos acerca de una realidad social que intuimos como tal, pero no existe, es una invención que nuestro entorno crea para nosotros. Ella me lo contaba feliz, como quién descubre el sentido de la vida, y yo mientras asentía tensa.

Pensaba en lo más profundo de mi ego: “se veía venir, ha perdido la cabeza” ¡Qué pequeña me siento ahora ante el recuerdo!¡Por fin lo entiendo!

Sobra decir que mi vecina era catalana, una catalana con el corazón lleno de cicatrices. Con ocho años había convivido con el rechazo hacia ella y sus padres, claro y dañino que ella trataba de abarcar haciendo uso de una sorprendente madurez y erudición. Yo entonces pensaba que estaba algo trastornada, pero me gustaba oírla hablar, aprendía. En cierto modo la seguía, pero no tenía ni idea de lo que me faltaba por entender.

Sus padres eran de aquellos profesores del sector público catalán que se vieron afectados en los años ochenta por la introducción del catalán en las aulas y el cambio de contenidos. Pero sus padres no comulgaron, pidieron traslado, y la situación debió ser harto difícil para la niña, antes y después, porque me atrevo a sentenciar que nunca volvió a sentirse parte de la sociedad que nos rodeaba.

Ahora veintisiete años después por fin he comprendido lo que ella manejaba ya con soltura en su mente a los 13 años. El construccionismo social. Kenneth Gergen estaría admirado. No creo que haya modelo mejor para explicar lo que ha ocurrido en Cataluña  durante estos treinta años, como ya mi vecina me venía anunciando hace 27 años.

Recuerdo que cuando ella me contaba las cosas que pasaban en Cataluña, yo acudía corriendo a mi madre extrañada ante la existencia de dos mundos tan distintos en un solo país. Mi madre me explicaba que eso lo había generado en parte nuestra Constitución, que respetaba a todos por igual, y en parte los mentecatos de nuestros políticos que traficaban con las ideas. Mi madre tenía una fe ciega en la protección que nos brindaba la Constitución, para ella era algo largamente soñado. Yo me sentía algo más inquieta pensando que parte de los mentecatos de nuestros políticos la habían elaborado. Pero su Fe acallaba mis dudas. La mejor mujer del mundo no podía equivocarse.

No sé cómo llegó ella a esas conclusiones en tan tierna edad, pero estoy segura de que debió ser la búsqueda desesperada por parte de un ser inteligente de un sentido para las dos realidades tan radicalmente diferentes que las dos diferentes escuelas habían luchado por inculcar.

Estos días de lectura compulsiva, que han ido llenando mi tiempo en perjuicio de mi sentido del deber y la realidad, han provocado en mí la misma búsqueda de sentido que sufría mi vecina. No conseguía asimilar que todo esto hubiera estado planificado previamente, como pude advertir aquí en Harvard el año pasado

Por fin y ante un artículo del Politikon, que trataba el problema del adoctrinamiento educativo de una forma ingenuamente sesgada, mi mente me trajo a mi vecina catalana hablando con su infantil entusiasmo y no pude menos que admirarme de su inteligencia. A la vez que por contraste el autor del artículo pasaba a despeñarse como vulgar víctima sin mérito alguno.

adoct (2)El tipo, algo miope, sostenía que no era posible el adoctrinamiento escolar, por los contrastes sociales, e ignoraba así todas las premisas de la sociedad actual, en las que con ambos progenitores inmersos en el mundo laboral, el contraste a la acción educativa pasa por otro agente que son los medios de comunicación. Según sea el entorno familiar del niño, recibirá un contraste o no a la acción de estos agentes comunicativos.

Dicho llanamente, si el niño pertenece a un hogar con un nivel socioeducativo medio- alto, con padres trabajando con horarios intensivos, (useáse un alto porcentaje de funcionarios), dispondrá de un contraste a las opiniones escolares, pero en el caso de que fueran contrarias corren el riesgo de transformarle en bicho raro, si osa expresarse.

Si el niño cuando vuelve a casa está solo o con alguien pobre en opiniones o tiempo, contrastará su información con los programación de la tele. Lo que diga la profesora se convertirá en el propio mundo, y alcanzará la integración plena en el sistema social que es la escuela. Se habrá convertido en una obra más del construccionismo social.

Cuando ya estaba poniéndome a construir dogmas en mi mente, mi marido y yo empezamos a tomar por costumbre explorar juntos la realidad. Esta vez el País nos sirvió la dosis de realidad. Nos llegó un artículo de este periódico y al empezar a leerlo mi marido dijo “no me interesa”. ¿Cómo puede no interesarte? Siendo El País una autentica tradición en casa y el titular de lo más candente, yo no lo entendía. Él me respondió: No me gusta como escribe ¿Para que voy a leérmelo?

La importancia del modelo positivo. Alguien a quien no respetas por lo que hace jamás podrá provocarte sentimientos, y aquél que admiras podrá arrastrarte adónde desee mientras sea capaz de no envilecerse.

Ya puede decir Rajoy… que mientras no cruce la línea de la emoción, le seguirán apareciendo los fantasmas. Para cruzar la línea hay que trabajar los lazos afectivos, la confianza… Todo aquello que nos une aunque no sea práctico ni económico. La filosofía, las artes, la política…

Aquello que puede destruirnos es lo único capaz de quitarnos el dominio de nuestra propia razón.

 


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