Mis “Thanksgiving”

Me gusta el concepto “Thanksgiving”, no me cuesta la idea de adoptarlo como festividad propia. Me encanta la idea de una celebración en la cual la gente se reúne para pensar en todo lo que tiene de bueno en  su vida, y dar gracias por ello.

Es algo que se puede hacer desde todos los credos y creencias, y si no los tienes… Puedes darte las gracias a tí mismo.

espejito

Confieso que con tres niños me cuesta ser espiritual. Siempre tengo otra cosa que hacer, y la verdad es que por supuesto, ha sido así en mis dos “Thanksgiving”. Nosotros de todo hacemos una fiesta y acabamos siempre en plan multi-tarea, tratando de contener la energía de nuestros retoños, sin explosionar en el intento.

A pesar de todo ello, confieso que el “Thanksgiving” tiene sus secuelas.  Te hace detenerte y ser consciente de lo que tienes. Tu marido idealista, que no te deja ni comprar ni tirar, pero que cuando está contigo, hace que seas más importante con una sola mirada.

Los tres niños que cuando les dices “Shhh” gritan “¡¿QUÉ?!” Cuando pruebas el imperativo “¡Parar!” les da por correr… Pero cuando te llaman y te abrazan, cuando ríen… Iluminan el día y llenan tu vida.

El año pasado me pasó algo muy especial, impactante. Estaba en una fiesta para los “Mid Carrier” de Harvard, que organizamos gracias a la colaboración del RCC que nos había prestado su sede para tal fin. El espacio era genial, pues tenía dos pisos con lo que podíamos organizar dos fiestas en una, los niños en el piso del sótano y los adultos en el salón del piso de arriba. Los padres íbamos haciendo turnos para quedarnos con ellos. Era de agradecer.

El lugar espectacular, la comida deliciosa, (a pesar del pavo que apenas comestible, al menos fue muy divertido), había buena música, y lo mejor la compañía. Pero no dejabas de echar de menos a tus amigos. Gente como nosotros, familias, con sus miserias y grandezas pero con los que puedes estar en calcetines. Pues conocimos un chico de Almería, que coincidió conocía a uno de mis más cercanos amigos, Diego. ¡Qué refrescante tenerle presente cuando todos nuestros seres más cercanos estaban tan lejos!

Nos acordamos mucho de él y nada más llegar a casa le escribimos un mensaje. Él nunca lo recibió, había muerto unas horas antes de un infarto. Cuando me enteré al día siguiente no daba crédito. Me quedé de piedra y me llevó un tiempo reponerme. Otro pilar en mi vida que desaparecía. Diego, mi amigo, el soñador que cambio hormigón por poesías.

Un amigo, que siempre me respetó, nunca traspasó las líneas y siempre me vio antes como persona, que como mujer. Hoy que todos estos temas están tan vivos me sorprende. Lo simple del asunto. Lo fácil que parece cuando lo tienes. Diego el gran vividor, siempre contando sus aventuras llenas de mujeres sin nombre, jamás equivocó un mensaje. Jamás cogió nada que no se le hubiera concedido.

respeto

Me dejó entrar en el mundo de sus conversaciones. Siempre con respeto, por mí y por sus aventuras. Doy gracias por haber contado siempre con amigos como él y como Chisco, Junco, Josete, Michi, Fonsi, Fer, Pablo, Dani, Javi, Álvaro, Juancho, Miguel, Jorge, Kike, Manolo, Borja, Federico, Chema, David, Juan…

Mi vida está llena de nombres que siempre han sabido conocer a la persona que hay en mí, ser amigos, con las bromas, pero no dañinas. Gracias.

Pero sobretodo doy gracias a vuestros padres, porque han sabido enseñarnos a valorar y el respeto,  y eso no siempre es fácil.

No todos han sido siempre así. Cualquier mujer puede entender aquello de lo que se habla ahora en los medios ¿Por qué una mujer ha de elegir entre sus sueños y su seguridad? ¿Por qué tenemos que ser Putas o Santas?¿Por qué no podemos simplemente admirar las virtudes femeninas?¿Por qué se compite con las mujeres?

Este año de nuevo, acabamos otra vez en una fiesta. Esta vez con la gente del RCC. De nuevo el pavo dio la nota. Esta vez por casi ni aparece en escena. Los pollos temblaban.

pollo

Hay que tener en cuenta un pequeño detalle. Esto es América y nosotros somos españoles. En Boston empiezan un año antes a planificarlo. En España con una semana te pasas. Por supuesto, aquí, la semana antes, ya se había acabado el plazo en todos los comercios que lo preparaban por encargo.

Para cuando el comité organizador empezó a tratar el tema del pavo ya sólo quedaban tres días para la fiesta. Empezó todo el rosario de búsquedas por internet para no chocarse con la típica respuesta-pregunta a la gallega “¿Es qué no lo habéis encargado ya?”.  Pero el Español nunca se rinde. Nos sobra creatividad y perseverancia, y en un pequeño supermercado apareció el pavo. Tenía poca salsa, pero una vez más la creatividad hispánica, el exceso de especias americano y el agua de Boston obraron la multiplicación de las salsas.

Lo bueno de una fiesta con españoles es que nunca falta una buena conversación. El único fallo es que en la fiesta sólo había dos madres y seis niños. La estadística se impuso. Había un 50% de probabilidades de que a las madres nos tocara ocuparnos de ellos, siendo una fiesta en la que la invitación venía por parte de Julio, el porcentaje para mí aumentaba…

Al menos me ahorré el gimnasio, me puse fuerte subiendo y bajando escaleras detrás de unos niños con exceso de azúcar en las venas y pude disfrutar de la conversación con la otra madre, mientras ejercíamos de guardianes.

Como buena fiesta española, esta se alargó y me dio tiempo a volver a casa, acostar niños, cargar a Sara con las labores de babysitter… y volver a la fiesta a tiempo del final.

Tuvimos buenas risas, y aunque soy consciente de que se dice que son escasos los hombres como Diego, que bromean, y pueden mantener una conversación con una mujer, sin confusiones, entre iguales…doy gracias, porque muchos quedan.


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