Feliz Navidad en España

Es curioso, vivimos con un exceso de equipaje que no nos permite disfrutar de nuestro día a día. Y no me refiero a los hijos, al marido, a la familia…

COGOTE

Que si el portero mira raro, que si en el trabajo no se nos valora, que si los azafatos fueron antipáticos….Tenemos una lupa puesta en nuestro cogote que no nos deja vivir a gusto. Sobretodo cuando intentamos darle sentido al mundo.

Para más miga, de todo hay en el mundo, y siempre te toca vivir al lado de alguno de esos seres sanos, que se quedan tranquilamente en el hecho y te demuestran que vivir puede ser más sencillo. No sabes si adorarlos o comerlos con patatas.

Lo bueno de ir de visita a España en navidades solo por unas semanas, es que, por fin te centras en lo importante, aquello que más has echado de menos los últimos meses, y todo lo demás simplemente, te resbala. Te sientes más sano. Hasta te quitas el abrigo, estás eufórico. Eres libre de disfrutar el tiempo que estés en tu patria. Ya retomaras tus pesadas cargas al volver.

LIBRE

La primera semana yo la dediqué a los médicos a los que no habíamos ido en los últimos dos años, el problema es que sabía a que médicos tenía que ir, pero en más de una ocasión, ya no me acordaba para qué. No debía ser importante. Lo malo fue darme cuenta ya en la consulta, frente al médico, con sus ojos escrutadores, preguntándome que me pasaba, y yo respondiéndole que vivo en Boston. Por supuesto no le bastó.

Otro problema que encontré durante aquella semana es que una cosa es planificar en el día a día, y otra, planificar sobre el papel. Sobre el papel todo está bien. Queda hasta chulo en colorines. En la realidad las horas se alargan y los minutos desaparecen. Te encuentras tratando de volar por una ciudad congestionada, con tres niños jadeantes. Cuando los niños se rebelan empiezas a hacer sobornos y finalmente acabas tachando citas y yendo a tomar tortitas.

DOCTOR (2)

La gente se sorprende de verte tan racional, has cambiado, parece que estás como más madura. Pero no. Es que no tienes tiempo. Tu lista de cosas por hacer es tan larga que  los compromisos se pierden en el camino. Vas a lo fácil, y por primera vez haces dos cosas que te van bien, planificas para que los demás se adapten a tu agenda, y juntas sin importarte qué o quienes. A veces sale bien y otras no, pero tú no tienes tiempo de analizar todas las consecuencias, y te conformas con ser feliz de tenerles allí.

Son muchos los momentos locos, pero por primera vez sus consecuencias no importan. Aunque no sepas muy bien por qué. Esta vez no importó que vinieran visitantes a casa susceptibles de destrucción masiva. Amigos, primos, ex-compañeros de clase fueron todos bien recibidos en el momento que se pudo.

Un mismo día por ejemplo coincidimos, en casa una mezcla de parientes, amigos de tiempos estudiantiles, y amigos del colegio de los niños. Fue sorprendente lo bien que los niños pudieron entenderse, tanto que temimos por la integridad de la casa en más de una ocasión. Y eso que preferimos no mirar.

REUNIÓN

También hubo tiempo para hacer algún pequeño viaje de 24 horas, con el objetivo de disfrutar de la familia de León, aunque se complicara y aprovechando el itinerario se dio un pequeño rodeo para hacer de paso la visita a los amigos de Ávila. Poco nos importó el hecho de que el viaje fuera visto y no visto, con récord incluido de visitas por hora. Poco importaron los tanteos hostiles, del típico pariente revenido, simplemente sus intentos hacían aguas, no había tiempo y si muchas ganas de ver a los seres queridos.

Poco tiempo y mucho ser querido, es una buena combinación para que sigan siendo queridos. Pero no todo resulta perfecto. No fui capaz de poder llegar a ver a mi tío Esteban. Tampoco hubo tiempo de visitar las tumbas por importantes que fueran. El vivo al bollo y el muerto al hoyo. Pero cuando vas corriendo todo se entiende. Les quieres y lo saben, eso espero.

Las fiestas tampoco se viven del mismo modo. Antes controlabas, tenías dominado el asunto de los invitados, y si alguno se te colaba lo mirabas con duelo. Entonces era importante que se confirmara todo con tiempo, pues vivías con autentico pánico el día del banquete. Esta vez no hubo tiempo de conteos, se invitó a todos y con alegría, tampoco se persiguieron las confirmaciones. La comida milagrosamente se encargó en el último día, (comparemos con las semanas necesarias en Boston), y hasta el último segundo no estuvieron preparados los manjares. De nuevo apareció algún pariente revenido, pero se anuló gracias a una buena sonrisa. Y todos disfrutamos tanto que dolía, de veras, el momento de su marcha.

Quedó claro en mi mente que no me podía ir sin verlos de nuevo, y doy gracias porque incluso hubo alguna prórroga. La cancelación del viaje de vuelta en Madrid, por supuesto tras el madrugón, cargados de maletas y niños, nos dio unos días más de familia en Madrid.

Y los disfrutamos, aunque no como los anteriores, porque ya de nuevo, volvían a nuestra mente las reminiscencias de ese equipaje invisible y pesado, que se hace tan patente en la vuelta, con todas las pequeñas cargas de aquella vida a la que debemos volver. Sentíamos pues, de nuevo la lupa en nuestro cogote y aunque fueron días geniales, ya hervía nuestro interior de emociones.

 


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