Soñando con verlos en Navidad

Los amigos. Toda una vida. También se disfrutaron. Te sorprende como se mueve la gente para verte, están allí para ti, ¡y tienen ganas de hacerlo! ¡Con las navidades encima! Fue un gusto poder verlos a casitodos.

Empecé por las de Mojacar, fue mágico, como si nada hubiera pasado y ya van por veinte años. Igual de diferentes, igual de alocadas, Teresa igual de interesante, Silvia igual de guapa y yo, fue genial ver que aún conservo mi papel de “espantamoscas”.  Fue conmovedor cuando entramos en el restaurante ver como se siguen volviendo los hombres para mirar a Silvia, aunque esta vez fueran un poco más babosos, calvos y gordos… El porcentaje de edad de los moscones progresa a la par que la nuestra.

moscones

Seguí con mis compadres. Los amigos “padres de”. Son auténticos milagros de la vida de madre. Simbolizan el flotador que te tiende la vida cuando te empeñas en disfrutar de tu maternidad. Allá en el patio con el frío, la solanera, las perdidas de dignidad, y los numerosísimos momentos de aprieto. Algo nace, una amistad, profunda de veras, cuando ya no la esperabas más. En el medio más hostil, cuando te sientes más desnudo, como pueden ser los colegios de los niños a veces, descubres que aún nacen amistades. Te sorprende ver como estas amistades trascienden a los hijos, y pasáis de ser los “padres de” a la razón de veros. El tiempo siempre se queda corto cuando compartes los mismos “secretos de madre”, luchas, anécdotas y debilidades.

Tocaban ya los amigos del marido, aquellos que viaje tras viaje, quedada tras quedada, te han ido mostrando sus tesoros, más allá de que aún como ingenieros son capaces de diseñar el mejor humor, sus mujeres. Mujeres que son auténticas joyas, y que a mí, algunas veces me descubren el mundo. Pero para amores,  las amistades de nuestros hijos, que son ya una gran pandilla.

Seguimos la ronda con el clan de las chicas solas, Marta me regaló para la fecha una sesión de maquillaje, y fue divertido, porque a medida que el maquillador nos explicaba lo que no había que hacer, sin darse cuenta lo aplicaba conmigo.

Para cuando me dí cuenta en vez de cara tenía máscara. Fue divertido, la gente me miraba por la calle. Incluso yo misma, cuando me veía reflejada en los escaparates me quedaba mirando pasmada, analizando la consistencia del material,  sin darme cuenta de que era yo misma. ¡Sólo me faltaba una peluca!

payaso

A Marta la dejaron muy guapa, así que eramos un autentico contraste. En la cena, nos unimos con el resto, Natalia, Sandra y Tete, cenamos charlamos de los viejos tiempos y reímos. Me encanta estar con Teté y Marta, me lleno de vida. Me sentí tan rejuvenecida que quise arrastrarlas a todas a una pista de baile. Me puse pesada de veras pero sólo conseguí que se tomaran una copa. Tete me miraba con su sonrisa de “pobrecita”, y me prometió alguna ocasión en el futuro.

Los de las Rozas, siempre geniales, celebrando su versión anual del Tragaldabas, prepararon sus siempre sorprendentes manjares, y como siempre el premio gordo se lo llevó Fran, que cada año se muestra más sofisticacion. Fue bienvenida la exploración de los cócteles, aunque no contribuyera a la discriminación culinaria para la votación de los platos. Nosotros nos llevamos el “premio original”  con unas tostas de sobrasada con miel a las que llamamos “Sueños del Procés”. Bebimos, comimos, reímos… y los padres más veteranos intentamos alargarlo lo más posible, hasta que los niños sacaron su lado gremling.

También pude disfrutar de los amigos de la universidad, cada vez que les veo me dan ganas de quitarme los últimos veinte años como si tratara de una vestidura e irme con ellos de juerga loca, dos y tres días seguidos si es necesario. Esta vez me conforme con probar por primera vez las vieiras. Fue un milagro verles, porque no había manera de que entraran en la agenda.

Tras varios intentos infructuosos en el whatsapp para quedar con mis compañeros de periodismo, conseguí algo parecido a una quedada que fracasó debido a un bomba ciclónicazucarada estomacal consecuencia de la acumulación indefinida de fiestas.

empacho

Parecía imposible que fuera a conseguir reunirme con ellos pero me decidí, hice unas llamadas desesperadas a título personal, cuando ya me veía con un pie en el avión.

Conseguimos vernos el núcleo duro, los más intimos. Algunos se fueron pronto porque tenían que trabajar. La verdad es que me parecía mentira no habernos visto antes y más. Estuve a punto de perder completamente el control y verme absorvida por mi complejo de Peter Pan, quedando ya solo Chisco, Junco y Dina todo era posible… Pero Julio llegó a tiempo para recordarme que soy una madre responsable, que teníamos unos hijos que recoger el día siguiente y un avión en el que volar.

Y menos mal, porque poco más y no me habrían hecho falta motores para dar la vuelta al mundo…

A veces el alma se resquebraja un poco cuando estás con aquellos que compartiste el día a día, en la época más genial de tu vida, y ves que aunque sigues sintiéndote igual con ellos todos hemos cambiado. Te gustaría poder esconderlos en la maleta y llevarlos contigo para siempre, pero sabes que gritarían, ya tienen lo suyo, y lo sabes.

Cuando te despides de todos ellos se te queda un hueco dentro, que solo te calman las promesas de más, en un futuro. Lo has comprobado ya, es posible, sabes que habrá una fuerza extraña que nos moverá a todos a dejar nuestras rutinas para hacernos un hueco, pero seguirá sin ser lo mismo, nuestras vidas han cambiado, nosotros hemos cambiado. Pero con todo seguiremos teniendo ganas de vernos, tejiendo más sueños sobre el pasado.


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