Mirando con mis ojos

Hoy me miro en el espejo, harta de mirarme en los ojos de otros. Porque cuando te miras en otros solo encuentras el sesgo de lo que ellos ven o creen que deben ver…

Fuera de tu país, estás sólo y debes abrirte a un mundo desconocido, los radares se te encienden. Y te vuelves más flexible. Aprendes a patinar, a apreciar los cafés del Starbucks, te metes voluntariamente en bibliotecas, limpias la casa, vuelves a pisar la universidad, te estudias un recetario español para poder enseñárselo al resto…

En fin, que me he visto haciendo muchas cosas que no eran más que lo que se esperaba de mí, pero aquellas cosas que más necesitaba hacer, las voy metiendo en un cajón.

Cómo el inglés, ahora que más o menos lo manejo, me parece que lo hablo mal “a posta” para hacer felices a algunos.

Me pasa por ejemplo con un padre escocés del cole de los niños. Cada vez que lo veía, me analizaba de tal modo, en busca del defecto, que todo mi ser se descolocaba, y era tal la satisfacción del pobre hombre, que ya es costumbre. Cada vez que lo veo, mi inglés se vuelve ortopédico.

estirado

Lo mismo me pasa con un compañero, cuando estoy con él, apenas sé hablar, ni castellano ni americano, desea demostrarme su superioridad de tal modo, que no estimo necesario desairarlo.

También me ocurrió con la forma de aprender el inglés. Cuando llegué decidí que quería el curso de inglés más profesional. De alguna manera social, acabé enamorándome de unas viejecitas de la iglesia anglicana. Así que me enredé en sus clases, y aprendo desde el cariño.

A Boston vinieron también mis sueños de pintora. Pronto descubrí los grupos de arte. Estudié los horarios, y me presenté en el más factible. Un grupo de mujeres encantadoras. La mitad del tiempo se habla, la otra mitad se pica y a ratillos se experimenta… El tiempo pasa volando y la pintura no se abarca. Pero te sientes tan arropada que no ya no lo dejas.

Y se me van llenando los calendarios.

Vino conmigo mi sueño de escalar y perderme en la naturaleza, pero aquí todo es inmenso, lo de perdernos tomaba una dimensión mucho más real. Siendo cinco y sólo un ingeniero, había riesgos. Más, cuando, fui consciente de que aquí para ir a parques naturales se contrata un guía. Y el único ingeniero de la familia está obsesionado con el control de gastos.

en el bosque

Un día fuimos a un parque de aventuras en los árboles, organizado por los Mid Carrier, tenían de todo tipo de plataformas, hasta con rápel, y por supuesto tirolinas. Lo di todo. Los Lumbreras lo dimos todo. Hasta nos peleábamos por ver quién se quedaba con la pequeña que no podía participar. Sin duda dimos todo un espéctaculo. Eran muchas las ganas y el desentrenamiento, (toda una vida). Lo peor fue al día siguiente. Me dolían hasta las pupilas.

Soñaba con escribir una novela, y acabé haciendo lo que es claramente un blog-diario, para mis amigos y familiares, para así no perder ese cariño, que mi incapacidad de coger un teléfono amenaza constantemente.

También la ilustración era un sueño. Aquí he buscado, pero con tanta oferta, en un formato tan americano, me pierdo y no soy capaz de entenderlo. Y mientras mi Pepito grillo, me persigue como mosca tras la oreja “Dedícate al inglés” “Estudia para maestra te será más practico”

Al mirarme a mí misma, con mis propios ojos, lo veo claro. Mi problema es que amo todo. Hay tanto a lo que dedicaría mi vida, que no me aclaro. La excusa de la familia no ayuda, y encima soy desobediente. Pobre Pepito Grillo.

Menos mal, que no me hace daño lo que la gente ve en mí ¡es tan variado!, desde la payasa a Rottenmeyer, pasando por religiosa y mújer fatal.

Este último, es el que más me sorprende. La primera vez, cuando conocí a los padres de Julio. Es cierto que hay algo en la genética, pero la educación en un cole de monjas, una madre descendiente de militar y un padre que deseaba un niño, lo atajan pronto, sobretodo si logras atraer su atención sobre tí.

Aquello dejó paso al interés por la naturaleza. Sobretodo cuando me dediqué a tirar chinas contra a los chavales de la urbanización,  que tiraban contra los nidos y los gatos. Mi ciclo vital seductor, no vio la luz. Una adolescencia tipo palo y pelo corto rizado, hicieron el resto.

Amistades todas, flirteos pocos. Mucha inocencia y chistes verdes, que tras lo que voy viendo en mi entorno, no sé si eran tan graciosos.

En aquél momento, el humor nos parecía la única salida entre las discordancias de la realidad y el estructuralismo social que nos sometía. Hoy el humor son insultos.

Miro las noticias y no doy con el sentido. En “pro” de la precariedad institucionalizada, se nos han arrebatado las armas de la filosofía y con ello el discernimiento. Y las familias, el último refugio, víctimas directas de la precariedad laboral y las culpas se van rompiendo.

mami

Ya no vemos a las personas. Analizamos lo que nos aportan. Es el miedo a la brecha social, nadie quiere estar en el otro lado.

Pero yo prefiero verme con mis propios ojos. Pienso que la sociedad se degrada porque los modelos sociales se venden y compran.


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